Hoy  nacimos de nuevo mi querido Pimentel (taxista) y yo, nacimos de nuevo. Una enorme patana rastrillo medio  frente solo estábamos estacionados para doblar, tan solo eso. Me puse muy nerviosa y mientras observaba a mi taxista dialogar con el chofer de la patana, pensé “pudimos morir”, entonces escuche como el trataba de negociar el asunto, pero Pimentel  prefirió llevarme primero para no retrasarme más, aun ante una situación como la que vivimos y  viendo su auto sin bumper, sin mica el aun pensaba en eso, es un hombre increíble. Ya todo el trayecto al inicio en silencio, el se gira y me dice “Doña nos salvamos de milagro” y yo igual nerviosa le respondí, “ya lo sabe”.

Cuando nacemos estamos libres de todo, nuestra mente es como una hoja en blanco a medida que crecemos, aprendemos hablar de las primeras palabras que emitimos después de “Papá” o “Mamá”, cruzamos a la etapa de NO para todo la respuesta es “No”. Porque desde que tenemos conciencia empezamos a delimitar nuestro espacio, a decir que es nuestro, si algo nos disgusta una comida o un vestuario. Empezamos a generar los rencores, que luego se transforman en un sentimiento más fuerte.

El miedo a envejecer, tenemos grandes miedos el más aterrador: ¡No ser amadas!  Todo sustentado en nuestra belleza de ser mujer sumada a todo lo demás. Nuestra seguridad no está a lo interno como hablan todos esos especialistas de la teoría del “Secreto”  y los seguidores de Paulo Cohelo.

Nadie aún puede ofertar que tiene la fórmula del amor perfecto, ese que no podrá causar dolor, donde todo será felicidad, esa eterna utopía que soñamos,  nadie puede ofrecerle no existe. La existencia misma no es perfecta, somos seres imperfectos, podemos quizás complementarnos, con seres  similares a nuestra naturaleza pero eso nunca garantizara que seamos 100% felices.

Siempre guardo un no grato recuerdo a la palabra clave que me ha acompañado a lo largo de mi existencia  “Tolerancia” desde pequeña se me inculco que la mujer debe ser tolerante, más que nada debía considerarla una cualidad, ser tolerante tener paciencia, buena niña.

Todos tenemos guardados en el recuerdo las imágenes de los amores de nuestra vida. Uno o varios, quedan enmarcados en la memoria con una aureola de ternura o de resentimiento, de añoranza o de desprecio, que poco a poco se va decolorando hasta parecernos neutra y descolorida, aunque sigamos considerándola como una imagen entrañablemente nuestra.