¿Quién eres?  Realmente te conoces.


Es una pregunta que pueden hacernos, inmediata mente nos llega a la mente decir nuestro nombre completo, pero esa no es la pregunta. ¿No pregunte tú nombre, es quién en realidad podemos llegar a ser como ser humano, a veces cuando te ves al espejo te observas realmente? Conoces esa persona del reflejo al punto de contestar quien es esa persona, que todos conocen y tratan día a día. Es una pregunta que debemos hacernos una vez en la vida, porque solo sabiendo quienes somos, sabemos a dónde vamos.

¿Quién soy yo?” es una de esas preguntas existenciales que es más allá de un hecho natural o casual no es solo religión o metafísica, si no sabemos responder, pueden llegar a convertirse en un obstáculo a la hora de ser felices. Saber quién es uno mismo y hacia dónde queremos ir es una de las bases para encontrar bienestar no ya en los grandes proyectos, sino en todos los detalles de la cotidianidad.

Pero no poder responder a esta pregunta en un momento no quiere decir que todo esté perdido. Actualmente no hay nada que nos haga suponer que la capacidad para plantearse adecuadamente y responder con éxito la cuestión «¿quién soy yo?» sea en sí misma una capacidad innata, algo inamovible e independiente de nuestras elecciones y el ambiente en el que elegimos vivir. En ocasiones, es necesario hacernos esta pregunta para poder seguir creciendo, pues es un indicador de si estamos en el camino correcto, pero de forma honesta ya que engañarnos creando un falso perfil, a la corta o largo terminará donde convergen las mentiras.

El conocimiento y el dominio de uno mismo, así como la relación justa y cariñosa con los demás, permiten acceder a una serenidad más duradera que la simple emoción pasajera.

Anónimo

Pero debemos tener en cuenta, desde el primer minuto, nuestro conocimiento sobre nosotros mismos está limitado. Aunque parezca engañoso, muchos aspectos de nuestra propia personalidad son mejor conocidos por quienes nos rodean que por nosotros. ¿Por qué? Porque nuestra visión sobre mucho de lo que hacemos, está sesgada.

Y es que nuestra vida es más importante para nosotros que para la mayoría, tenemos interés en deformar la realidad, la interpretación sobre lo que nos ocurre, para que encaje en esa narración que hemos creado para darle una respuesta a la pregunta de «quién soy»; la historia que supuestamente explica lo que es nuestra existencia. como individuos. Así pues, debemos ser humildes a la hora de extraer conclusiones acerca de quiénes somos, y admitir que siempre hay espacio para la rectificación.

Cuando veo las personas que me rodean, pocos saben quién soy yo, quien es Omayra… pero si una persona sabe quién soy, no hay otra persona que no sea yo. Soy fiel a mis principios, soy leal, he fallado muchas, el más grande error puedo transformarlo en una oportunidad, soy romántica, y cuando algo me gusta le dedico toda mi pasión. Lo más importante es que me conozco, se dónde caminar, y trato de no forzarme o de hacer cosas solo para hacer a otros feliz.

Entonces cuando alguien que no me conoce, me juzga tiendo a molestarme, y en ocasiones perder el control, no concibo la mentira, no permito bajo ningún concepto que se me violente mi derecho a expresar mi pensamiento. Por eso no es justo con lo mucho que me esfuerzo, trabajo, que alguien que apenas me conoce puede decir o dar por hecho algo que tenga que ver con mi persona.

Ahora bien, este proceso es algo más complicado que el acto de hacernos una pregunta. Hay que conocerse, hacerlo en profundidad y de una manera completamente sincera. Para ello, nada mejor que empezar a hacer eso que te causa satisfacción, como puede ser leer, caminar o ir a la playa. Acciones para las que la soledad no solo no es un impedimento, sino que puede ser una ventaja.

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Por supuesto, también puedes pedir opinión o asesoramiento. La imagen que los demás tienen de ti te puede dar algunas pistas muy interesantes y ayudarte a descubrir tu verdadero yo. Sin embargo, hay que tener cuidado pues no siempre lo que los demás piensen sobre ti te define.

Por último y para concluir, debes recordar algo muy importante: tú tienes la capacidad de elegir lo que es mejor para ti cuando te conoces. Una vez sabes quién eres, es más fácil definir qué quieres, y aumentarás las probabilidades de que tus decisiones sean más acertadas.

El verdadero viaje hacia el conocimiento es el autoconocimiento. Puedes conocer mucho acerca del mundo que te rodea, pero necesitarás encuadrarlo en el contexto lógico, formal y racional que conforma tu propia identidad.

Por eso antes de señalar o dar por sentado que me conoces, o conoces a alguien. ¿Te encuentras ahora preparado para responder a la pregunta ¿quién soy?

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